Y
llegaste tú… mis 30 mayos
ICA (FDFE).- Un tantito tardías mis impresiones por mis
tres décadas. Pero aquí les voy con mis pensamientos acerca de esta edad, ahora
mismo, mi edad. Nací en una Lima a media luz en mayo de 1985, bebe saludable y
cabezón que fue sorpresa en la previa para mi madre, ella esperaba una
mujercita, quizá por el hecho de que a la mayoría de sus hermanas, su primer
retoño eran niñas. En fin, ya estaba ahí, es como comienza mi aventura y mi
transitar por este mundo.
No pasaron muchos meses para irme con mi
madre a Ica, ciudad a la cual tengo mucho cariño, a tal punto que siento a esta
tierra árida y del sol naciente como mi hogar, aquí conocí a un buen puñado de
los amigos que tengo aun hoy en día, tuve mi primera ilusión, las travesuras de
la niñez con todas las particularidades propias de mi persona (de vocación
hermética y taciturna) y de escasa interacción con personas de mi edad. Así se
pasaron los años y llegaron los 11, había llegado el momento de partir de
retorno a la locación de la cual nací, Lima.
Es aquí donde la providencia me pone a prueba
y hace que salga de un solo porrazo de esa especie de cascaron en la que me
encontraba inmerso, es aquí donde empecé realmente a madurar y dejar de ser tan
ingenuo para con mi entorno. Aprendí a ser aún más cauto con las personas,
incluso con aquellas de mi entorno cercano, pero no todo fue malo, mis padres
me dieron una hermana que me acompaña y que precisamente este año cumplió la
mayoría de edad. En estos años de adolescencia hice más amigos, a los cuales
considero – sin temor a equivocarme – como mis hermanos, contados con los dedos
de la mano y que han estado siempre, en las buenas y en las malas, hemos
crecido juntos, nos contamos nuestras cosas y nos apoyamos en la medida de lo
posible.
Compartimos carpeta durante 5 años,
convivimos durante una semana en nuestro viaje de promoción a Huaraz, jugábamos
pelota los domingos (incluso al inicio de nuestra etapa post-escolar). Aunque
esto último ya casi ha quedado en el olvido, debido las responsabilidades, que
con el tiempo, hemos adquirido cada uno de nosotros.
Vino la preparatoria con sus angustias y
desvelos, todo sea por el anhelado sueño universitario que finalmente, luego de
muchas malasnoches, se pudo decir misión cumplida. Compartiendo en este tiempo,
experiencias con personas de carta cabal que tenían intereses en común y que al
igual que yo, pudimos entrar juntos en esa cosa de locos que llamamos
universidad. Una vez confirmada mi presencia en la Decana de América, sentía
como uno de mis más viejos anhelos se volvía realidad, es aquí donde hice
buenas migas con excelentes personas y muy en especial con una de ellas, que
curiosamente fue la primera persona con la que intercambie saludos en mi
primera clase de estudios generales.
Culminados los avatares de este episodio
vivencial, vinieron las responsabilidades propias de las que yo en algún
momento le decía “gente grande”, el trabajo, las deudas y la búsqueda permanente
de superar mis propios límites. En este último tiempo empezaron los arranques
de nostalgia, sin mediar él porque, quizá sea algún síntoma de capítulos no
cerrados correctamente, la necesidad de exorcizar demonios del pasado, etc.
Finalmente, dejando de lado las dubitaciones, moví mis fichas para recuperarle
el rastro a las amistades de la niñez. Algo, que por cierto, se ha logrado
parcialmente, porque es una búsqueda que aún está en boga.
Ante la pregunta sobre qué balance le puedo
hacer a mi existencia hasta el momento: quizá el confiar más en mis propias
capacidades a la hora de empezar proyectos de largo aliento; el haber vivido
bajo mis propios términos, dentro del marco de la escala de valores con los
cuales fui formado y no dejándome llevar por lo que dice el resto. Y si no
divulgo las “proezas” que otros de mis contemporáneos muy orgullosamente han
hecho desde hace mucho, es porque considero que forma parte de mi vida personal
y a nadie tiene porque importarle. Lo que haga o deje de hacer es un tema que
es de mi incumbencia y no por seguir un libreto que pretendan dictarte algunos
amigos y familiares.
Expuestos mis argumentos, a modo de
conclusión diré a pesar que por ahí se diga que mi transcurrir en la vida ha
sido monótono, paramétrico y hasta cierto punto aburrido, es el modo de vida
ermitaño que elegí, así como otros optaron por vivirla desenfrenadamente o con
excesos. Tan solo pido respeto a mi forma de vivir, porque yo no paro
cuestionando sus formas de existir, después de todo la vida se reduce a las
decisiones, buenas o malas, pero decisiones que al fin de al cabo, determinan
nuestro futuro.


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