Déjame que te cuente… Fue de aquellas noches en las que no se planeó nada. Todo fluyó de forma natural y espontánea. Nadie presagiaba, quizá, que sería una velada, donde más que cantar canciones de amor, era la viva expresión de aquello que se sentía muy en el fondo de los corazones, que encontraron el momento propicio y la circunstancia adecuada, para poder soltar todo lo comprimido en ellos, usándonos como cajas de resonancia y de interlocutores para hacer sentir su voz. Había un feeling en el ambiente que invitaba a tomar como propias, solo por esa noche, aquellas canciones que, de alguna forma, cuentan algo de nuestras vidas. Que nos hicieron soñar y transportarnos – como por arte de magia – a instantes que han quedado grabados con tinta indeleble en nuestras mentes. Se tenía licencia para fantasear, con la venia de los cómplices espirituosos que mediaron como facilitadores para que aflorara, con mayor facundia, aquellos sentimientos y emociones contenidas. Debo co...
Usando la palabra como un puente.