Tanto por dar, tanto por decir Las palabras justas atrapadas, Bajo el reclusorio de la indecisión, Así, nunca ese corazón pudo expresarse, Se guardaba las mieles de cupido, Aguardando azucararse y esfumarse. Pero tal cosa no se dio, Fue almacenándose en bodega, Hasta el punto de escaquearse por los poros, Volviéndose un comprador, De las más descabelladas ilusiones. Mezcla agridulce de rabia y pasión, Que no se puede canalizar, Mientras tanto la presión no cesa, Y el instinto animal predador, Delimita y marca territorio. Los sueños de laberintos, De dimensiones paralelas, De numerosas puertas en el salón, Se han vuelto, mientras tanto, En muestras del caos que se avecina.
Usando la palabra como un puente.