DARLE DE ALTA A LA EXPRESIÓN: PARTE 1
Dos años que parecieron una década, esa es la sensación que estoy sintiendo en estos momentos, al tomar una vez más el computador para poder escribir la presente nota que publicaré en mi nueva bitácora. Tal vez la causa de esta dilatada ausencia fue el cansancio, el estrés de esos momentos (causado por el trabajo, el estudio o por el simple hecho de tener que postear algo religiosamente) o tal vez el proyecto en sí mismo había cumplido su ciclo.

Crónicas de la Tribu, mi primer blog, significó mí debut en la experiencia de escribir y publicar contenidos en la web 2.0 y es gracias a esta interacción que pude involucrarme y conocer – de manera empírica – este mundo de las webs de segunda generación o webs interactivas, acompañándome en la mayor parte de mi trayecto en la universidad y durante mis primeros años de profesional. Este sitio, marcó el redescubrimiento de una de mis habilidades que no había usado desde hacía un tiempo para ese entonces: el escribir notas en prosa y en verso. Fue el compañero donde hacia catarsis de mis estados de ánimo que pudiesen haber tomado control de mi persona, fue el agua bendita para exorcizar y espantar demonios internos. Recibí críticas y felicitaciones, retraté algunos lindos momentos de mi vida y en otros, tuvieron su pincelada de sorna y burla.
Se cierra entonces, una etapa y se apertura otra. Estos son Crónicas desde el Lago en el Cielo, un nuevo ciclo donde me expresaré en el uso de la palabra a partir de la fecha. Es la oportunidad de ver que tanto ha cambiado mi forma de ver las cosas, la vida, etc. Y como los escritos me tomarán en esta etapa de mayor madurez en mi vida y estabilidad emocional.
1. Año de reencuentros.
El 2014 que se nos fue hace poco, ha sido de consolidación y madurez en el plano laboral. De cambios y transición en el ámbito personal. Fue la temporada que se inició veraneando en la ciudad donde pasé la infancia y la niñez, Ica. Me divertí bastante en compañía de familiares, con los cuales compartí paseos, la exploración urbana y de los alrededores de la Villa de Valverde. Pero en medio de la distensión, un sentimiento de nostalgia invadió mi pensamiento (Bueno, era algo que ya se venía desde hacía algunos calendarios, pero que regresó con más fuerza en este último tiempo) y era el hecho de saber que había sido de los compañeros con los cuales estudié durante la época de la niñez.
Aprovechando mi estadía en la ciudad, fui a pedir informes en la escuela, pero la antigüedad de los archivos y las prioridades del colegio eran otras en ese momento (se encontraban en proceso de matrícula), a lo que sumamos mi necesidad de retornar cuanto antes a Lima para incorporarme a mis labores en la oficina donde trabajo, frustraron la operación de conseguir la información que solicitaba acerca de mi promoción. Y todo parecía indicar que la suerte estaba echada.
Hasta que una luz al final del túnel se apareció: uno de mis antiguos compañeros se apareció y reconoció a mi abuela, que se encontraba en compañía de unas primas de paseo por un centro comercial. Le pregunto por mí y le contaron que había sido de mí, pasándole mis datos y el contacto por las redes sociales no tardaría en darse. Dicho y hecho, nos ubicamos dentro de Facebook y establecimos correspondencia y fue la puerta para dar con los perfiles de los otros: uno a uno fueron anexados y hasta conversé con algunos de ellos vía Facebook o WhatsApp. Dándome con la sorpresa que algunas compañeritas radicaban también en Lima y rápidamente intente establecer comunicación con ellas, hasta que finalmente coordinamos una primera reunión de las cuatro que se tuvieron en el transcurso del año, a las que, a pesar de que siempre faltó alguno de nosotros, la pasamos de maravilla.
Con mis amigos de Ica se procedió de igual forma y pudimos reunirme con algunos de ellos aprovechando la Semana Santa y desde ahí se mantiene las comunicaciones con cierta frecuencia y quedando en volver a reunirnos en el futuro cercano. Luego de estos acontecimientos, la red se fue agrandando aún más. Por estos lares no podían creer que había reaparecido después de tanto tiempo. En las dos reuniones hubo momentos para recordar ese pasado en común y de lo increíble que había sido volvernos a ver.
2. Trabajo.
Se logró lo que se llama automatismos en mis quehaceres, ya no me costaba tanto realizarlas como antes y eso daba tiempo para realizar otras actividades que me enriquecieron como profesional. En el área en la cual me desempeño, empezamos la temporada con cambios: estreno de un nuevo sistema de gestión de biblioteca y el jale que hacía falta a nuestro equipo, la cual rápidamente demostró su valía y su buena predisposición para con las tareas encomendadas. Con Carla se ha terminado de conformar quizá, y sin temor a equivocarme, el mejor equipo que ha tenido la biblioteca del Colegio León Pinelo en su historia reciente.
Me he sentido valorado por mis superiores y compañeros que siempre me han expresado su cariño y consejos a los cuales estaré eternamente agradecido. Los considero mis amigos y en quienes puedo confiar. Hemos hecho cosas maravillosas este 2014 y que, a pesar de los obstáculos que puedan presentarse, salimos adelante y llevamos el barco a buen puerto. Y así como empezamos la travesía de este año que ya fue, lo concluimos con cambios: el Moré Daniel, nuestro director, confirmaba su alejamiento del colegio, dejándonos con la pena de verlo partir, él ha sido nuestro principal benefactor – el local actual de la biblioteca, se hizo durante su gestión – apoyando decididamente las actividades que la biblioteca realiza en bien de la comunidad educativa a la cual servimos. #HastaSiempreMoreDaniel
... continuará
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